30 años de democracia

   30 AÑOS DE DEMOCRACIA

El 30 de Octubre, festejaremos los treinta años ininterrumpidos de un hecho histórico, la vuelta a esta forma de vida, que es la única que nos garantiza el respeto por los derechos económicos, sociales, políticos, civiles y culturales. Lo que da lugar a reflexionar sobre los diferentes escenarios que se han atravesado, las transformaciones logradas, los desafíos y los posibles horizontes de una democracia plena, que permite imaginar, soñar y construir.

Nuestro país venía de una larga serie de irregularidades institucionales, lo normal hasta los años 80 era que los gobiernos civiles fueran interrumpidos por golpes militares. Nada demasiado sólido garantizaba que, aquella vez, las cosas serían distintas, pero hemos podido amalgamar, a lo largo del tiempo, mayor participación, representación e inclusión social.

Muchos de los que llenaron la Plaza de Mayo para acompañar la asunción presidencial de Raúl Alfonsín coreaban la consigna «por diez años más» como una expresión de deseo, en cierto modo utópica. Todos se preguntaban por aquel entonces, en el fondo, si el nuevo régimen resistiría tanto.

Quienes nacieron por aquella fecha, pueden caer en el error de creer que siempre la democracia tuvo la firmeza que tiene hoy, ya que no corre riesgo alguno de ser interrumpida, pero debemos recordar que veníamos del peor golpe cívico-militar que recuerde la historia argentina. Irrumpió un 24 de marzo de 1976, destrozando el país y cerrando las urnas por unos interminables siete años. Desde 1862, tras la batalla de Pavón y la unificación nacional conseguida, hasta el triunfo de Alfonsín en 1983, durante aquellos 121 años la Argentina sólo había vivido en total 26 años en democracia plena sin fraudes, proscripciones ni golpes.

El período iniciado hace 30 años es inédito en nuestra historia, en la historia de esta democracia joven que fuimos construyendo todos, con sus aciertos y sus errores.

Debemos pensar que el desarrollo de un pueblo depende de un buen gobierno. Este es el ingrediente necesario, el cambio que puede liberar nuestro potencial, y esta responsabilidad sólo la podemos asumir nosotros, fortaleciendo las instituciones democráticas.

Habrá que pensar en mejorar la justicia, en generar mayor participación y en especial luchar contra la corrupción en todos sus órdenes.

Es fundamental seguir avanzando con miras al futuro, y el futuro del país está en nuestras manos y depende, sobre todo, de nuestra capacidad de tener instituciones fuertes y gobiernos responsables como así también transparentes.